Infinitely You

May God make you so strong that no one can hurt you. If they try to bring you down, rise like a skyscraper and shows everyone that you are a WARRIOR...

simplehistoria:

Parte 10 (¿Final?)
Narra Alex.
Fue el mes más largo y difícil de toda mi vida. Entre más pasaban los días, más difíciles eran de superar. Ahora que estaba de vacaciones, mi mente sólo pensaba en él, ya no había trabajos ni tareas que me distrajeran.
-Falta menos de una semana Alex, pronto estarás con Chris –me dijo Max.
-Pero ya lo extraño mucho, para mí una semana es mucho.
-Estas peor que señorita –señaló entre risas.
-¡Cállate, Max! –espeté avergonzado-. Pero… necesito tu ayuda.
-¿Mi ayuda? ¿Para qué?
-Chris, sale en tres días, por suerte su tratamiento termina dos días antes de la graduación.
-Y el punto de esto… ¿es?
-Déjame terminar –protesté irritado-. Quiero prepararle una sorpresa, necesito ideas.
Se quedó en silencio por un momento, su cara me decía que estaba pensando en ideas, pero con Max, nunca se sabía. Los minutos transcurrían y él seguía en las mismas.
-¡Tengo una idea! –anunció con una enorme sonrisa en el rostro.
-¡Anda, dímela! –pedí ansioso.
-No, será una sorpresa –respondió burlón.
-¡LA SORPRESA NO ES PARA MI TONTO!
-Pues ahora lo es. Más tarde te explicaré unas cosas que necesitas saber, hasta entonces largo de mi cuarto.
Con ambas manos me tomó por los hombros y me sacó a empujones de su habitación.
-Max, tienes que expli… -dejé de hablar cuando me cerró la puerta en la cara.
-¡Será mejor que te vayas, tengo que arreglar muchas cosas! –gritó desde el otro lado de la puerta.
Golpeé repetidas veces la puerta, hasta que mis nudillos quedaron mallugados pero aún así no me abrió. ¿Ahora qué? ¿Se supone que deba dejar todo en sus manos? Max, siempre sabía lo que hacía, eso estaba claro pero esos pensamientos no me ayudaban mucho; los nervios me estaban matando, necesitaba saber cuál era el plan de Max… sin darme cuenta el estrés al que estaba sometido me había hecho olvidar a Chris, por un momento.
-Una cosa más. Necesito que les pidas permiso a los padres de Christopher, después de la fiesta de graduación.
-¿Para qué? Necesito saber el plan…
-Sabrás lo que sea necesario –repuso exasperado-. Después de la fiesta de graduación lo llevarás al mirador.
El mirador era la punta más alta de una pequeña montaña. Un lugar turístico donde las personas van todos los días para poder apreciar la enorme ciudad desde lo alto. Cuando éramos más pequeños papá nos llevaba muy seguido a ese lugar.
-Te recomendaría que lo llevaras antes para que no lo asustes.
Después de varios minutos me explicó lo que tenía que hacer: al terminar la fiesta de graduación llevaría a Chris, al mirador; estacionar el auto donde lo hacía papá y  ahí estaría la sorpresa.
-Pero Max, en ese lugar hay demasiada gente, yo quiero que sea algo más… privado –expliqué avergonzado.
-Deja de poner tantos peros, yo me encargaré de eso. Ahora vete a tu habitación.
Salió de su cuarto y me arrastró hasta el mío. Me recosté un poco enfadado, por más que le daba vueltas, no lograba adivinar cuál era su plan. De tanto estar pensando me quedé completamente dormido.
 
 
 
¡Era el gran día! Al fin había terminado el mes; podré ver a Chris después de tanto tiempo. Lo que más deseaba era tenerlo entre mis brazos, recordarle lo mucho que lo quería. “Estas peor que señorita” las palabra de mi hermano me hacían reír.
Max me prestó su auto y fui a casa a la casa de los padres de Chris. Según Wen, irían por él hasta las cuatro de la tarde, así que tendría que llegar antes para completar el plan de mi hermano.
 
Ya en frente de la puerta, una sensación de inseguridad me impedía continuar, ¿qué les voy a decir?, ¿cómo voy a lograr convencerlos? Toqué el timbre varias veces y esperé a que abrieran la puerta. «Que no abra su padre» rogué.
-Hola, Alex –saludó Leslie, su madre.
Mi corazón se tranquilizó al saber que fue ella quien abrió la puerta. Seguro ella entenderá mejor que su esposo.
-Buenas tardes, señora Leslie –respondí lo más tranquilo que pude.
-¿Quisieras ir por Christopher? Seguro que le encantará verte –propuso con una enorme sonrisa.
-Mmm bueno, es que justamente quería pedirle un favor… que incluye a Christopher.
-¿A Christopher? –preguntó sorprendida.
-Si… bueno me gustaría saber… -no sabía ni que decirle-.  ¿Lo dejaría ir conmigo al mirador?… prometo cuidarlo bien –agregué rápidamente.
Le expliqué todo el plan –al menos lo que sabía de él-. Le dije que lo llevaría al mirador después de la graduación, pero que también lo quería llevar hoy para que lo conociera. Después de largos argumentos –que había preparado durante toda la noche-, logré convencerla.
-Está bien, creo que eso lo hará feliz –accedió.
-Prometo que lo cuidaré bien –le dije muy feliz.
-De eso estoy segura –sonrió de una manera muy tierna; de la misma manera que lo hacía Chris.
 
Cuando ya todos se habían ido no pude evitar saltar de la emoción, las cosas iban marchando de acuerdo al plan.
Me senté en una de las jardineras que estaba afuera de la casa, en la espera de que llegara Christopher. ¿Qué tengo que hacer cuando esté frente a mí? ¿Cuál sería la manera correcta de recibirlo?
Me quedé helado cuando el auto de sus padres ya estaba estacionado frente a mí. Había estado tan sumergido en mis pensamientos que no escuché el ruido del motor al acercarse.
Ver a Chris bajar del auto me inundo de emoción, a tal grado que ni siquiera pude caminar hacia él, sólo me quedé esperándolo. Abrí mis brazos y lo recibí con un gran abrazo. Mis manos se acomodaron en su cintura, y lo levanté apenas unos centímetros del suelo; su cuerpo me daba una sensación de fortaleza, me hacía sentir completo.
-No sabes la falta que me hiciste –confesé.
Acercó su rostro hasta el mío y me besó. ¡Me besó frente a sus padres! Respondí nerviosamente su beso, el dulce sabor de sus labios me hizo desear más… «tienes que contenerte, estás frente a sus padres» me repetí una y otra vez mientras lo besaba.
-Te amo –me dijo en cuanto nuestros labios se separaron.
“Te amo”, era la primera vez que alguien me decía eso, ¡ERA LA PRIMERA VEZ QUE CHRIS ME DECIA ESO!
-Nunca me habías dicho “te amo” –las palabras salieron de mi boca por voluntad propia.
-Siempre hay una primera vez –aún no lograba evitar que su cálido aliento me erizara la piel.
-Me alegra que todas mis primeras veces estén ocurriendo contigo –me acerqué nuevamente para besarlo.
-¡Ajam!… ¡Ajam! Será mejor que se vayan de una vez para que regresen temprano; no quiero que Christopher esté tan tarde fuera de casa.
La voz del papá me hizo alejarme torpemente. Mi cuerpo decía “abrázalo” pero mi cabeza lo contradecía.
-¿Irnos? ¿A dónde? –preguntó un tanto confundido.
-Es una sorpresa –respondí con la mayor sonrisa que logré formar.
 
 
 
Ya en el auto y en camino hacia el mirador, me sentía con la libertad de expresarle todo el amor que le tenía.
-Te extrañé muchísimo Chris, no te imaginas cuanto.
-Claro que lo sé, yo te extrañé de la misma manera. No había día en el que no te recordara.
Tímidamente acercó su mano hasta la mía y entrelazamos los dedos. Me volteo a ver y pude notar que estaba sonrojado « ¿Hace un momento me besó y se avergüenza por esto?» le sonreí. Tenerlo  a mi lado era una de las cosas que más extrañaba. En todo el trayecto no hablamos ni una sola vez; el ambiente estaba cargado de silencio, pero no un silencio incomodo, sino uno reconfortante.
-¿Dónde estamos? –me preguntó cuando estacioné el auto.
Me acerqué hasta él y dejé un rápido beso en sus labios.
-Ya lo verás –respondí.
Bajó del auto y caminó en dirección al precipicio que estaba rodeado por muro de contención. En el lugar había unas cuantas personas, todas dispersas, maravillándose con la hermosa puesta de sol.
-¡Wow! La vista es hermosa –exclamó Chris, con la voz de un niño emocionado.
Caminé hasta estar a su lado y en efecto, la vista era hermosa. Los últimos rayos del sol tornaban todos los edificios en tonos dorados y rojizos; los altos arboles que estaban por toda la ciudad proyectaban largas sombras que le daban un aspecto gótico.
Lo abracé de tal manera que mi pecho quedó contra su espalda, recargué mi barbilla en su hombro inhalando su dulce aroma que tanto me fascinaba.  « ¿Qué haces? Lo harás sentir mal, mucha gente los está viendo» un vocecilla me habló desde el interior de mi cabeza. Y tenía razón, Chris era muy reservado, aunque nunca me lo decía, siempre notaba su incomodidad cuando lo besaba o le tomaba la mano en público… decidí alejarme y terminar con ese abrazo que tan feliz me hacía.
-No me sueltes –pidió con voz tan baja que apenas logré escucharlo.
Puso sus manos sobre las mías e hizo que lo abrazara nuevamente… lo abracé con más fuerza, como si de eso dependiera mi vida.
 
-¿Estás nervioso por la graduación? –me preguntó de pronto.
-No… la verdad es que no –respondí- ¿tú lo estás?
-Mucho… ver a todas esas personas me pone los pelos de punta.
-Si quieres podemos ir a otro lugar, pediremos nuestros documentos después.
-No, no. Será una gran prueba que me gustaría superar.
Besé su mejilla para hacerle saber que contaba con todo mi apoyo, o al menos esperaba que eso entendiera.
La puesta de sol era hermosa; la combinación de colores en el cielo era un espectáculo maravilloso, las mezcla de los colores: dorado, amarillo, anaranjado, azul,… hacían el paisaje muy… romántico -¡rayos! Max, tenía razón, cada vez era más… ¿femenino? No, no era eso, simplemente ahora veía las cosas desde otra perspectiva.
Cuando empezaba a oscurecer las personas fueron abandonando el lugar. Al final solo quedábamos nosotros y otra pareja que estaba al otro extremo de la barrera de contención.
 
-Creo que será mejor irnos o tu papá nos matará –bromeé.
-Está bien, también estoy muriendo de sueño –dijo al mismo tiempo que bostezaba.
Caminamos hasta el auto tomados de la mano. Sus largos y suaves dedos encajaban perfectamente con los míos. Me quedé un momento observándolo; aunque no era muy notorio, había cambiado. Su cabello era ligeramente más largo y sus pómulos más marcados, ¿adelgazó?
-Gracias por este día, no pude haber tenido mejor bienvenida –me dijo cuando ya estábamos en el auto.
-Haría cualquier cosa por ti.
Su rostro se sonrojó violentamente; se veía tan tierno y vulnerable que no pude evitar suspirar.
En el transcurso del viaje Chris, se quedó dormido. Las facciones de su rostro no mostraban nada más que tranquilidad. Me era muy difícil concentrarme en el camino, tenía la necesidad de voltear a verlo. Cuando ya estábamos frente a su casa, giré un poco en el asiento de conductor para poder apreciarlo con mayor facilidad. La tenue luz del auto trazaba curiosas sombras en sus pómulos y pestañas.
Mis dedeos me dolían por el deseo de acariciar su suave piel, pero no lo hice, quería seguir viéndolo mientras dormía. Así pasaron varios minutos –según eso decía mi reloj pero para mí apenas fueron unos segundos-, bajé del auto y caminé hasta la puerta del copiloto.
-Ya llegamos Chris –dije al mismo tiempo que abría la puerta.
Un gemido salió de su garganta y se reacomodó en el asiento.
-Ya estamos en tu casa –volví a decir.
-Te… tengo mucho sueño –repuso con voz queda.
Me senté en un pequeño espacio que quedaba libre en el asiento. Me daba ternura verlo así. Me acerqué hasta él y lo besé en los labios. Al principio sus labios se quedaron inmóviles, pero después de unos segundos me respondió. Cuando finalmente abrió los ojos sus mejillas estaban sonrojadas.
-Me siento como la bella durmiente –comentó avergonzado.
-Tú eres mi hermoso bello durmiente.
Se sonrojó aún más –si era posible- y se le escapó una carcajada.
-Me sigo preguntando que hice para merecer a alguien como tú.
-El sólo hecho de ser tú… eres magnifico –respondí sinceramente.
El tiempo transcurría y no lograba convencerlo de que era una buena persona. Tal vez muy en el fondo seguía despreciándose y no quería que nadie más lo notara; pero esta vez no permitiría que le pasara algo. ¡Esta vez no!
 
 
-Mañana pasaré por ti para irnos juntos, bueno sólo si tú quieres –propuse en la puerta su casa.
-¡Claro que quiero! No me gustaría llegar solo.
-Entonces mañana estaré aquí. Recuerda que soy muy puntual, espero que también lo seas.
-Si no te preocupes por eso –respondió animado-. Nos vemos mañana.
Dio un pequeño paso y me dejó un cálido beso en la mejilla; un tanto inseguro me rodeo con sus delgados brazos por la cintura… yo hice lo mismo.
 
 
 
Esa fue la peor noche de toda mi vida. No logré dormir más de treinta minutos seguidos, las pesadillas me atormentaron toda la noche. Tal vez si Max, me hubiera dicho en qué consistía la sorpresa, me hubiera sido más fácil conciliar el sueño.
Por fin amaneció. Me desperté emocionado y con mucha energía a pesar de no haber dormido lo suficiente. Estaba realmente feliz, esperaba con ansias la hora en la que iría por Chris.
-¡Qué guapo te ves! –la voz de mi madre logró sacarme de mis pensamientos.
-¿En verdad lo crees? ¿Estoy bien peinado? ¿Crees que deba cambiarme de zapatos? ¿La corbata combina con el traje? –hacía una pregunta tras otras sin siquiera darle tiempo de responder.
-Todo combina perfecto, hijo.
A final de cuentas me había decidido por un traje negro de corte americano (hombreras discretas, cintura recta, bolsillos con solapas, y  una abertura trasera) negro y unos zapatos de vestir del mismo color.
-¿Por qué estás tan nervioso? ¿Quieres impresionar a una chica? –me preguntó en tono neutro.
¿QUÉ HAGO? ¿Es el momento correcto para decirle todo? «NO, NO LO HAGAS. NO TE ARRUINES ESTA NOCHE».
-Algo así. Ya logré que saliera conmigo, sólo quiero lucir bien para el… ¡ella! Si, ella –añadí rápidamente.
-Con lo guapo que eres cualquiera caerá a tus pies.
Mi madre sonaba muy orgullosa y era justamente eso lo que me hacía sentir peor.
-Bueno mamá, me tengo que ir, regreso en un rato –necesitaba salir de ese ambiente tan tenso.
Bajé corriendo las escaleras, mi único objetivo era salir antes de que mi madre me dijera cosas como “Espero que tu novia sea lo suficientemente buena para ti” o algo parecido.
-¡Alto! –Max, se interpuso en mi camino antes de poder salir.
-¿Qué? Déjame pasar, tengo que huir de mamá.
-Sí, si lo sé –dijo entre risas-. ¿Recuerdas tu parte del plan, verdad?
-Sí, lo recuerdo perfectamente –respondí de mala gana.
Repetí cada detalle de lo que tenía que hacer al menos cinco veces.
-¿Ves? Lo recuerdo.
-Muy bien, ya puedes irte –me dio las llaves de su auto y me dejó pasar.
 
 
Las piernas me temblaban sobre los pedales y las manos sobre el volante. Conducir en esas condiciones era algo muy difícil, iba tan despacio que algunos conductores me rebasaban y hacían sonar sus bocinas muy enojados.
Cuando me bajé del auto y caminé hasta la puerta, creí que me desmayaría; las manos me sudaban excesivamente y las piernas muy apenas lograban sostener mi peso.
-Buenas noches, Alex –me saludó su padre.
-Ah… buenas noches señor, ¿cómo está?
-Bien, bien. No hay que quejarse. ¿Quieres pasar?
Se hizo a un lado para permitirme la entrada. Por educación, accedí, aunque eso implicara un infarto –mi corazón latía tan fuerte que hasta el pecho me dolía.
-¡Hola Alex, que guapo te ves! –la señora Leslie entró en la sala con Chris detrás de ella.
Mi corazón dio un vuelco al verlo; traía puesto un traje casi igual al mío, solo que en un  tono parecido al cromo. Su pálida piel contrastaba perfectamente con el color de su traje… pero había algo diferente, ¿qué era? … ¡su cabello! Ya no estaba sobre su frente como siempre, lo peinó con un poco de gel en pequeños picos hacia arriba.
-Gracias señora, Leslie –sonreí.
-¿Nos vamos? –me preguntó con voz temblorosa.
-Claro, vámonos.
Estábamos a punto de salir cuando su padre dijo:
-Cuídense mucho, no dejen que nada ni nadie los haga sentir menos.
Daría cualquier cosa porque mis padres fueran así. Sería el hombre más feliz del mundo si mis padres me aceptaran tal cual soy.
-No te preocupes papá, lo haremos.
 
 
 
Cuando llegamos al salón de fiestas ambos estábamos muertos de miedo.
-¿Listo? –le pregunté.
-Listo –forzó una sonrisa.
-Espera, falta esto.
Me acerqué hasta él y le di un pequeño beso en los labios. Asintió avergonzado y salimos del auto.
Entramos juntos al enorme salón; estaba adornado con globos, telas, ramos, velas de luz artificial y muchas cosas más.  Nos sentamos en una mesa con Annie, ella fue con la única que hablé en la usencia de Chris.
Al principio todo fue muy aburrido, el acto cívico se prolongó más de lo esperado… pero después de eso el ambiente cambió radicalmente. La música retumbaba por todo el lugar. Chris y yo bailamos, reímos, bebimos, ¡disfrutamos al máximo! Muchos nos veían de una manera extraña cuando bailábamos juntos y más cuando las canciones eran lentas y nos tomábamos de la mano, pero le restamos importancia y actuábamos como si fuéramos los únicos en ese lugar.
Verlo sonreír tan ampliamente llenaba mi corazón de alegría, si él era feliz, yo también lo era. Después de tanto bailar los pies me dolían horrores, tal vez nos excedimos un poco al bailar cada canción que sonaba.
Cada cierto tiempo revisaba mi reloj, no quería que se me fuera todo el tiempo en la fiesta, sino todos mis planes –que en realidad eran de Max- se irían a la basura.
-Vamos, te tengo una sorpresa –dije en su odio para que lograra escucharme a través de la música.
-¿Eh?
Lo tome de la mano y lo guié hasta la salida. Al salir una oleada de aire frio nos pego justo en la cara refrescándonos.
-¿A dónde vamos a ir?
-Ya lo sabes –respondí sin verlo. No recordaba donde había dejado estacionado el auto.
Caminamos sin rumbo por unos minutos, entre risas y empujones.
-No puedo creer que hayas olvidado donde dejaste el auto –me dijo entre carcajadas.
-Cállate, tú también lo olvidaste –tampoco podía dejar de reír.
 
-Así que ya se va la parejita, ¿eh?
Mi mano se tensó sobre la de Chris, al escuchar esa voz. Volteé a verlo y estaba tan sorprendido como yo.
-Yo me encargo –me dijo por lo bajo. Se dio la vuelta-. ¿Qué quieres ahora Jackson? –preguntó con voz firme.
-Ay qué mal humor, ¿así son todos los maricones o nada más tú? Tal vez te hace falta que te enseñen a controlar ese odio.
Caminó hacia nosotros en forma amenazante.
-Ni se te ocurra tocarlo –le dije.
Soltó una carcajada
–Veo que necesita que lo defien…
No alcanzó a terminar la frase porque Chris lo golpeó justo en la nariz. Logró derribarlo de un solo golpe.
-¿SIGUES PENSANDO QUE NO PUEDO DEFENDERME? –gritó furioso.
Nunca lo había visto así de molesto… ese era un sentimiento que no le gustaba demostrar frente a las personas.
-Vámonos Chris, personas como Jackson no valen la pena.
Lo tomé por los hombros y lo halé  con fuerza para sacarlo de ahí. Por alguna razón que no comprendía él se resistía a irse.
-¿Qué pasa? –pregunté.
-Nada, vámonos –respondió detrás de un largo silencio.
Dejamos a Jackson tendido en el suelo con una hemorragia nasal.
-¡Eso fue increíble! ¿Dónde aprendiste eso? –intenté animarlo.
-En el centro de ayuda. Dijeron que sería de utilidad y ahora entiendo porqué… -se le quebró la voz-. Ya no quiero ser la burla de nadie, no dejaré que se burlen más de mí.
Sus ojos se inundaron de lágrimas.
-Y nadie más lo hará, de eso puedes estar seguro. No dejaré que nadie lo haga.
Con mis dedos sequé sus lágrimas y seguimos buscando el auto.
 
-¿Por qué vinimos al mirador? –preguntó confundido.
«Ni yo lo sé» -Aquí empieza la sorpresa.
Estacioné el auto donde siempre lo hacía mi padre. Bajamos del auto y sorprendentemente no había ni una sola persona cerca. ¿Cómo hiciste esto Max?
En el lugar donde nos estacionamos, estaba un asta de madera clavada en el suelo. En el otro extremo había una hoja tamaño carta con algo escrito.
“Para amarte necesito una razón y es difícil creer que no exista una más que éste amor…” SIGAN TODAS ESTAS NOTAS Y LLEGARÁN AL LUGAR INDICADO.
-¿Tú planeaste esto? –me preguntó Chris con una enorme sonrisa. Sus ojos aun estaban un poco rojos por el llanto.
-Sólo una parte. La otra parte la planeó Max.
Caminamos en la dirección que nos indicaba la flecha que estaba dibujada en la hoja hasta encontrar la siguiente nota.
“Mis días sin ti son como un cielo sin lunas plateadas ni rastros de sol…” SIGAN ADELANTE.
Nos hizo recorrer gran parte del mirador. Chris sonreía y me daba un beso cada que encontrábamos una nueva nota. Decía que las frases eran hermosas, que eran las mejores frases que alguien pudiera decir. La verdad era que yo estaba muerto de vergüenza, « ¡¿Y YO SOY EL CURSI, MAX!?»
Las notas aparecieron una tras otra:
“Porque eres parte de mí, te necesito aquí y es que no sé vivir sin ti, no he aprendido” SIGAN ADELANTE.
“Pero que me quedes tú, me quede tu abrazo y el beso que inventas cada día y que me quede aquí después del ocaso…” YA ESTÁN ACERCANDOSE.
“El príncipe azul jamás lo encontré, y así llegaste tú, devolviéndome la fe, sin poemas y sin flores, con defectos con errores, pero en pie…” SÓLO UNA MÁS.
Al final de todas las notas terminamos en el centro del mirador. Quedé sorprendido al ver a Max, parado ahí.
-¡Hola! –nos saludó Max, tranquilamente.
-Hola –respondió Chris un poco cohibido.
-Llegaron al final de las notas antes de lo que tenía previsto, subestimé la inteligencia de ambos –no sonrió de forma burlona.
-Las frases son tan…
-Bonitas –me interrumpió Chris, muy contento.
Yo pensaba decir algo como “cursis”, “vergonzosas” o varios sinónimos más.
-¿Lo crees? Si gustas, te puedo pasar el nombre de las canciones para que las escuches completas.
Carraspeé para que me prestaran atención.
-¿Y qué haces aquí, Max? –pregunté intentando no sonar grosero.
-Oh cierto, vengan.
Caminó en dirección a un conjunto de arboles, que con la luz de la luna tenían un aspecto tétrico. Chris me dirigió una mirada con la que me decía “¿A dónde nos lleva?”, yo únicamente me encogí de hombros. Lo tomé de la mano y nos dispusimos a seguirlo.
 
-¿Qué…? –la pregunta de Chris, quedó en el aire. Estaba tan maravillado como yo.
El lugar estaba iluminado con una cantidad exagerada de de velas, tan pequeñas que parecía que las llamas estuviesen flotando. Max nos esperaba encima de una enorme piedra rectangular de aproximadamente un metro de altura. Nos hizo una seña para que subiéramos con él… Y Chris lo hizo de una manera tan ágil  que ni siquiera utilizo las manos para sostenerse. Desde arriba me tendió la mano para que yo pudiera subir.
-Gracias –dije avergonzado.
-Bueno, estamos aquí porque es una noche muy especial para ustedes –comenzó Max con voz diplomática-, digamos que este es como un nuevo comienzo. De ahora en adelante queda estrictamente prohibido estar triste… ¡nada debe hacerlos sentir mal! ¿Entienden?
-Sí –respondimos al mismo tiempo.
-Bien, entonces pasemos al siguiente paso –de la bolsa de su chamarra saco dos pequeñas cajas doradas. Las examinó por un momento y después dijo:- esta es para ti Alex, y esta para ti Chris.
Desaté el pequeño moño con el que estaba asegurada la caja. Dentro de ella había una delgada pulsera de plata con mi nombre grabado. Dirigí la mirada hacia la cajita de Chris y vi que tenía una igual.
-Tienen que intercambiarlas –anunció Max. Tomé la mano de Chris para ponerle mi pulsera y volvió a hablar-. Por el poder que me confiere el estado los declaro marido y… ¿marido?
Chris soltó una carcajada al escuchar tal ocurrencia.
-¡Cállate, Max! –lo reprendí con las mejillas encendidas.
-Lo siento, lo siento –se disculpó entre carcajadas-. Me voy, éste momento es sólo suyo. Te espero en la casa h-e-r-m-a-i-t-o –remarcó cada letra para molestarme aún más-. Se cuidan.
De un salto bajó de la enorme piedra.
-Hasta luego, Chris. Te veré muy pronto.
-¡Adiós! –respondió.
 
 
 
-Yo quiero ser el primero –dijo Chris, cuando Max desapareció entre los árboles.
No entendí lo que quería decir hasta que tomó mi mano y se dispuso a ponerme la pulsera de plata. Cuando estaba en mi muñeca leí, “CHRISTOPHER”; mi corazón se llenó de sentimientos indescriptibles, quería llorar, reír, gritar, saltar…
-Ahora es mi turno.
Tome su mano y subí un poco la manga de su camisa… quedé en shock al ver sus cicatrices, todavía no lograba acostúmbrame a verlas. Puse la pulsera con mucho cuidado, como si pudiera romperlo. 
-¿Alexander? ¿Te llamas Alexander?
-Si…
-¿Y por qué no lo sabía? –preguntó con fingida indignación.
-No lo preguntaste –sonreí-. Además no me gusta mi nombre –admití.
-Es hermoso… como tú.
Las muestras de afecto por parte de Chris, cada vez eran más frecuentes… ¡Y me encantaba!
-Como Max, dijo: Este es un día especial. Y quiero decirte que… -no sabía de qué manera decirlo-. Te amo mucho, mucho. No tienes una idea de cuánto. Desde ahora no quiero que me ocultes nada, te juro que te ayudaré en todo.
Hizo un intento de sonrisa, pero las muecas que hacía me decían que estaba a punto de llorar. Sin esperar a que eso ocurriera lo abracé. Lo abracé con tal fuerza que me dijo:
-Alex, no me dejas respirar.
-Ah… lo siento.
-Es la primera vez que lloro de alegría, y es gracias a ti –dijo mientras se secaba las lagrimas con el dorso de la mano-. Te amo yo mucho más de lo que tú me amas a mí… 
Ahora fue él quien me abrazó. Era una velada mágica, bajo las estrellas y con la ciudad a nuestros pies.
-Nunca te dejaré sólo –pronuncié estas palabras con dificultad porque mis labios estaban en su frente.
Levantó su rostro para dejarme ver una enorme sonrisa. Acerqué mi cara tan rápido a la suya que casi caemos de la enorme piedra; cuando recuperamos el equilibrio lo besé en los labios. Se movían a un ritmo lento pero tierno… mataría para que ese momento fuera eterno.
 
Todavía tenemos un largo camino por recorrer, pero estoy seguro que mientras estemos juntos nada malo nos puede pasar.
 
Aquí  la última parte de esta historia :/ Tardé mucho más de lo normal pero ya está … Espero no decepcionarlos, me gustaría que me dijeran si les gustó o no, o algo que ustedes hubieran cambiado.
¡Gracias por leer!
-Alejandro Jasso.
?

outoftewoods:

All About That Bass (MAEJOR REMIX) Feat. Justin Bieber


cause I still love you…. and you’re the only one who can save me…